El duendecillo verde

Así es como me lo imaginé yo la primera vez que supe de su existencia. Un duendecillo, tirando a pequeño, verde, con un gorro de gnomo y cara de gruñón y resabido. Ese es el mío. 

Algunos le llaman loro, o saboteador o pepito grillo. El mío es el duendecillo verde, así sin nombre propio.

Ahora nos llevamos más o menos bien, pero cuando nos conocimos me cayó francamente mal. No podía creerme que llevase tanto tiempo con él a mi lado, haciéndome daño, y no me hubiese dado cuenta. Y entonces nos presentaron, empezamos a hablar y tuvimos una gran discusión hasta que entendí cuál era su cometido. Hicimos un pacto y ahora nos ayudamos mutuamente.

Todos tenemos una vocecilla interior más o menos desarrollada, a la que hacemos más o menos caso, que nos habla a menudo, diciéndonos a veces cosas que no queremos oír. En mi caso, me hacía sentir bastante mal. Si conduciendo me equivocaba de calle, empezaba a decirme "qué inútil eres!, te has vuelto a equivocar! tenías que haber visto antes cómo llegar! ", o estando en una reunión de trabajo empezaba a decirme "no controlas el tema, se van a dar cuenta y vas a quedar en ridículo", o cuando intentaba hacer algo nuevo, ... no paraba de decir "no vas a ser capaz. Tú no puedes hacerlo. A quién quieres engañar?".

Así viví muchos años, escuchando esa voz interior, dejando que me hiciese daño, alimentándola yo, sin saberlo, de mi auto-exigencia, y sufriendo, sí.

Y un día en una sesión de coaching, cuando yo descubrí este mundo hace ya unos años, me propusieron que le diese forma a esa voz, a ese "saboteador". Y sin hacer mucho esfuerzo me lo imaginé: "es un duendecillo verde". Y tuve una conversación con él, quiero decir, conmigo misma. Y entendí que esos mensajes que me lanzaba eran para provocarme. Me mostraba mis vulnerabilidades, mis fallos, mis punto débiles..., con el objetivo de hacerme ver que yo podía superarme a mí misma, que podía hacerlo mejor. Claro que el tono utilizado no era el más adecuado... Al menos no era el tono que yo necesitaba para recibir ese mensaje. Ahora recuerdo una frase que leí hace un tiempo que dice: "Háblate a ti mismo como harías con alguien a quien amas". Vamos, todo lo contrario a lo que yo hacía hasta ese momento...


Una vez entendido cuál era el objetivo que perseguía ese "otro yo", establecí con mi duendecillo unas normas de convivencia para que dejase de machacarme del modo que lo hacía: podía darme los mensajes pero con otro tono, sin agresividad, sin insultos... con cariño, con intención de construir. 

Desde entonces nos llevamos fenomenal!. No dejo de agradecer esa oportunidad que tuve de descubrirlo y trabajarlo.

¿Y tú? ¿Conoces a tu saboteador? ¿Te has imaginado qué forma tiene? ¿Lo alimentas? 

Ya sabes que mi objetivo es compartir aquellas reflexiones y experiencias que  a mí me han servido. Así que espero que te haya gustado y te pueda aportar.

Te deseo una muy buena semana y recuerda: Disfruta de la Vida!

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Comentarios

  1. Yo también conozco a mi duendecillo verde, aunque aún no me he sentado a hablar seriamente con él, básicamente lo ignoro o en algunas ocasiones le meto algún "bufido" para que me deje en paz, pero veo que tendré que ponerme seria y conseguir una buena convivencia. Gracias Regina por aportarme la solución, ya te contaré
    Un beso

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    Respuestas
    1. Yo no habría tenido esa conversación si no hubiese sido en la sesión de coaching dirigida por el coach. Ya tienes bastante avanzado si consigues tenerlo a raya!! JAJAJAJA

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