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El duendecillo verde

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Así es como me lo imaginé yo la primera vez que supe de su existencia. Un duendecillo, tirando a pequeño, verde, con un gorro de gnomo y cara de gruñón y resabido. Ese es el mío.  Algunos le llaman loro, o saboteador o pepito grillo. El mío es el duendecillo verde, así sin nombre propio. Ahora nos llevamos más o menos bien, pero cuando nos conocimos me cayó francamente mal. No podía creerme que llevase tanto tiempo con él a mi lado, haciéndome daño, y no me hubiese dado cuenta. Y entonces nos presentaron, empezamos a hablar y tuvimos una gran discusión hasta que entendí cuál era su cometido. Hicimos un pacto y ahora nos ayudamos mutuamente. Todos tenemos una vocecilla interior más o menos desarrollada, a la que hacemos más o menos caso, que nos habla a menudo, diciéndonos a veces cosas que no queremos oír. En mi caso, me hacía sentir bastante mal. Si conduciendo me equivocaba de calle, empezaba a decirme " qué inútil eres!, te has vuelto a equivocar! tenías que haber ...

Permítete fallar

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Cuando abrí este blog, hace poco más de un mes, me propuse publicar una entrada cada semana. Los lunes por la noche sería el momento. Los días previos habría sacado tiempo para ir escribiendo ideas y tener una primera versión y los lunes, después de acostar a los niños, dedicaría un par de horas, no más, a terminar de redactar el artículo, preparar las fotos y publicarlo.  La semana pasada tenía en mente el tema “La aceptación” y algunas ideas sobre cómo enfocarlo. Pero no había conseguido escribir ni una línea antes del lunes. Así que llegó el día, y me puse manos a la obra. Y lo escribí. Y una vez terminado lo leí varias veces y sentía que no estaba transmitiendo todo lo que yo tenía en mente. Y se me estaba haciendo demasiado tarde… Darle otra vuelta suponía restar horas de sueño (que ya son pocas), y no nos vamos a engañar… no pasa nada porque yo no publique en el blog una semana. " casi nunca pasa nada… Pero casi siempre le damos a las cosas más importancia de la que t...